Mark Zuckerberg anunció este jueves que Kenneth Chenault, el CEO saliente de American Express, aceptó unirse a la Junta Directiva de Facebook.
«He estado tratando de reclutar a Ken por años. Tiene experiencia única en áreas que creo que Facebook necesita para aprender y mejorar, como el servicio al cliente, comercio directo y creación de una marca confiable», indicó Zuckerberg en su post.
«Agregar a alguien a nuestro directorio es una de las decisiones más importantes que toma nuestro consejo. Es un proceso largo que tomo muy en serio ya que este es el grupo que finalmente gobierna Facebook», agregó.
Chenault anunció su retiro de American Express en octubre del año pasado luego de tres décadas trabajando en la compañía. La junta nombró a Stepehn Squeri como el próximo CEO de la firma y asumirá el puesto a partir del 1 de febrero.
Zuckerberg también resaltó el «fuerte sentido de misión social y la perspectiva que tiene Ken por haber dirigido una empresa importante durante décadas».
La red social tuvo una serie de problemas en los últimos dos años en relación con la publicación de notas falsas, los intentos de Rusia para influir en las elecciones de EU y la transmisión en vivo de contenido inapropiado
WhatsApp planea ser más que una simple aplicación de mensajería. A partir de este jueves buscará convertirse en la herramienta principal para atención, servicio y generación de clientes de las millones de Pymes mexicanas, con el lanzamiento de su nueva aplicación WhatsApp for Business para dispositivos Android.
“Desde hace tiempo los dueños de negocios nos han pedido una aplicación con la cual puedan comunicarse de la misma manera transparente como lo hacen con amigos y familiares vía WhastApp, por eso, comenzamos con el programa de prueba de WhastApp for Business y hoy estamos lanzando de manera oficial la nueva aplicación”, explicó en entrevista con Expansión, Matt Idema, jefe de operaciones (COO) de WhatsApp.
Aunque el programa beta de WhatsApp para negocios comenzó a finales de 2017 en diferentes países del mundo, la empresa (propiedad de Facebook) anunció la disponibilidad de la nueva app en México, Indonesia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.
Idema dijo que la aplicación será completamente gratuita para todas las Pymes y que su salida en otros mercados y plataformas se extenderá durante las siguientes semanas.
“Hoy en México, datos de un estudio de Morning Consult nos arroja que 82% de las pequeñas empresas que usan WhatsApp piensan que la aplicación les ayuda a comunicarse con sus clientes, y 65% considera que los ayuda a crecer sus negocios”, comentó el COO de la firma.
Perfiles: Una sección de perfil que contiene información como descripción de la empresa, direcciones de correo electrónico o ubicación de la tienda, y sitio web disponible.
Mensajes inteligentes: Servicios que permiten a los dueños de los negocios configurar mensajes automatizados de saludos, respuestas rápidas a las preguntas más frecuentes y mensajes de ausencia, que permiten avisar cuando el negocio está ocupado.
Métricas: Servicios que, de acuerdo con Idema, ofrecen datos como la cantidad de mensajes leídos para que los negocios conozcan las respuestas que funcionan con sus clientes y mejorar su rendimiento.
La nueva app también funciona con el servicio de WhatsApp Web, para que los usuarios puedan utilizar la plataforma desde un equipo de cómputo.
Aunque WhatsApp y WhatsApp for Business pueden estar instalados en un mismo teléfono, explicó Idema, los usuarios sí tendrán que tener dos números SIM asignados a cada una de las aplicaciones, por lo que requerirán un equipo con Dual SIM o en su defecto tener dos teléfonos.
POR AHORA SOLO PYMES
Si bien la Beta de WhatsApp for Business también incluyó a grandes corporativos, Idema comentó que por ahora el lanzamiento se centra en las Pymes, aunque agregó que esperan tener detalles del servicios para grandes conglomerados en los siguientes meses.
De igual forma el ejecutivo dijo que por “es complicado hablar del modelo de negocio” detrás de estas nuevas aplicaciones y que analizan la forma en la que cobrarán alguno o parte de estos servicios a las empresas.
Sin embargo, afirmó que por ahora la nueva app de WhatsApp es completamente gratis para los interesados.
Al ser parte de Facebook, Idema dijo que aunque esta versión no integra ningún tipo de inteligencia artificial o chatbots como sí lo hace su hermano, Facebook Messenger, Idema afirmó que trabajan de forma permanente para enriquecer la experiencia detrás de la aplicación de mensajería que ya rebasa los 1,300 millones de usuarios en todo el planeta.
La empresa de tecnología, software y soluciones empresariales de comunicación, colaboración y proveedora de servicios de nube Avaya busca llevar los servicios de atención y seguridad pública a otro nivel.
John Stone, líder de Soluciones de Seguridad Pública de Avaya, considera que, ante un cambio en la forma en cómo las personas se comunican y tienen contacto con individuos a través de medios sociales, es necesario de igual manera migrar el formato de contacto en que las personas se acercan a los gobiernos y específicamente a los servicios de emergencia.
“La forma en cómo los cuidamos y quieren tener relación con los gobiernos y se comunican es diferente. Nosotros como Avaya queremos proveer la siguiente generación, usando multimedia, del servicio de 911”, precisó Stone.
Manuel Torres, director de ingeniería en Avaya Latinoamérica, ve la oportunidad de desarrollar esta nueva generación de 911 en el mercado mexicano. De acuerdo con el ejecutivo, la reciente decisión de estandarizar el número de 911 representa un gran avance en este sentido y una muestra del interés que tiene el gobierno mexicano por ofrecer mejores servicios.
“Se han hecho grandes avances en los últimos años. El gobierno está impulsando una modernización, entre ellas, la posibilidad de que cuando se reporte una emergencia se dé la ubicación del ciudadano al centro de la misma. No estamos todavía ahí, pero se está trabajando para llegar allá”, refirió el ejecutivo.
Para Avaya, la división de Soluciones de Seguridad Pública representa en México el 30% de sus ingresos y al menos 80% de los Centro de Comando, Control, Comunicación y Cómputo (C4) en el país operan con tecnología de la empresa.
Llevar a la siguiente generación a estos C4 significa la posibilidad de seguir escalando la división.
“Nos enfocamos en trabajar este 80% e incrementar las tecnologías que hoy tienen”, reafirmó Torres.
El ejecutivo ve al menos tres tendencias tecnológicas que Avaya busca poner en práctica en temas de seguridad pública: inteligencia artificial para, por ejemplo, desarrollar nuevos canales de atención y contacto entre ciudadanos y servicios de emergencia como pueden ser chatbots.
Otras tecnologías con las que buscan escalar el negocio en el país son llevando internet de las cosas, a través de los botones de pánico físicos y móviles, y big data, que de acuerdo con Torres, permite analizar la información pública y brindar mejores respuesta.
En este último caso, Torres destacó que en el servicio actual de llamadas de emergencia 911 ya emplea el big data para llevar un conteo automatizado sobre las llamadas que buscan atender robos, homicidios, entre otros delitos.
Stone resaltó muchos de los casos en los que Avaya y gobiernos europeos están haciendo uso de la tecnología proporcionada por la compañía para atender de mejor forma la seguridad pública.
Uno de ellos es a través de tecnologías como IoT. Las cámaras conectadas a internet de ciertas ciudades en Europa son capaces de detectar accidentes y de manera autónoma alertar a las autoridades.
“Hay un boom de soluciones que permitan ayudar a los centros de seguridad. Y eso boom está siendo empujado por los gobiernos. Queremos aprovechar ese boom”, señaló Stone.
YouTube quiere recuperar la confianza de los anunciantes. Su consejera delegada, Susan Wojcicki, ha asegurado que los vídeos de los canales con más éxito serán supervisados por humanos en lugar de algoritmos antes de ser comercializados. Además ha asegurado que serás mucho más selectivos con los vídeos susceptibles de convertirse en soportes publicitarios.
Este paso sorprende, ya que hasta ahora YouTube había mostrado una gran confianza en los algoritmos y sistemas de detección automáticos de imágenes. Es así como, por ejemplo, controlan los derechos de autor de las canciones o fragmentos de vídeo que proceden de películas series o programas de televisión.
La decisión llega después de haber sido sufrido un aluvión de críticas en 2017, principalmente por la existencia de varios canales con vídeos en los que se explotaba o maltrataba a niños. Eran contenidos supuestamente orientados a la familia, con tintes de reality show, en los que el sufrimiento de los menores y el traspaso de su intimidad se convertía en un anzuelo para el tráfico. El último altercado que saltó a los medios llegó a principios de este año, cuando Paul Logan, un conocido youtuber, mostró un cadáver en uno de sus vídeos. Tras darle de baja, Youtube prometió sanear la plataforma.
La labor que afrontan los de San Bruno, al sur de San Francisco, es ingente y difícilmente abarcable si se tiene en cuenta que se suben 400 horas de vídeo por minuto.
Paul Muret, vicepresidente de soporte, explica: “El cambio es para mejorar, con canales preferente en los que solo saldrán anuncios cuando hayamos comprobado que son adecuados”. Más del 95% del contenido de YouTube permanecerá como está, según cálculos de Google, al no ser considerado susceptible de saltarse las normas, aunque la plataforma trabajará para controlar los más lucrativos, donde normalmente se infringen más reglas.
¿Quién no recuerda el vídeo? Un oficinista tan frustrado ante lo que parece un cuelgue de su ordenador que, al final, termina con él a golpes completamente fuera de sí. Bad day (un mal día) es una de las secuencias más compartidas de la red y de hecho, se conoce al vídeo como el primer viral de la historia. Pero, ¿cómo surgió? Resulta tentador pensar que la secuencia es real y que se trata de un empleado completamente quemado que se lía a golpes con un ordenador inoperativo; de hecho prácticamente todos hemos conocido de primera mano esa frustración… Pero no, el vídeo es deliberado y se grabó con un motivo.
Wiredrecoge los entresijos de una secuencia que se resiste a desaparecer y pese a haber sido grabada y distribuida en 1997, todavía sigue circulando por los móviles y las bandejas de entrada como paradigma de lo que todos, en algún momento, hubiéramos deseado hacer. En ella puede verse a un fornido oficinista en su cubículo escribiendo machaconamente sobre el teclado y de pronto, asesta un sonoro manotazo al monitor; del cubículo vecino se asoma una cabeza intrigada por los golpes. En los segundos siguientes se intuye que el ordenador se ha colgado por completo y nuestro protagonista pierde por completo los nervios liándose a golpes con el teclado y derribando por completo el monitor. Una ira desatada que impulsa al vecino a volver a asomar la cabeza para bajarla de nuevo tímidamente por lo que pueda pasar.
Todo surgió en Loronix, una empresa de componentes electrónicos ubicada en el estado de Colorado; contra todo lo que se pueda pensar, se trata de un lugar idílico para trabajar y en el que sus empleados echaban partidas a videojuegos al finalizar la jornada. Esta pequeña firma acababa de crear una videocámara (recordemos que estamos en 1997) y deseaban promocionar el producto desde la perspectiva de crear la necesidad: ¿por qué una empresa desearía instalar un sistema de videovigilancia? Como quiera que los presupuestos eran limitados, decidieron crear ellos mismos un vídeo casero con una escena en la cual tuviera un papel determinante la cámara de vigilancia.
Todo surgió en Loronix, una empresa de componentes electrónicos ubicada en el estado de Colorado
Vinny Licciardi era uno de los implicados, y nos quedaremos con este nombre puesto que es el hombre que termina aporreando el ordenador en la popular secuencia Bad day. La idea inicial, con todo, no fue la del oficinista cabreado, sino la de un robo en un cajero automático que sería registrado por la cámara de Loronix. Sin embargo, el guión fue rápidamente descartado por Licciardi que se decantó por la escena del oficinista malhumorado que tan bien conocemos hoy.
El vídeo fue grabado -en dos intentos, ya que en el primero no lograban contener las carcajadas- y distribuido tímidamente a un número de empresas potencialmente compradoras de la cámara, y los protagonistas siguieron con su día a día sin ser conscientes de que habían alumbrado uno de los mayores virales de la historia que perviviría además durante décadas. El vídeo fue titulado “Badday.mpg” y su distribución masiva comenzó a saturar los entonces precarios servidores de correo ante la total ignorancia de sus protagonistas. Sin embargo, este desconocimiento duró poco y Licciardi comenzó a vivir en carne propia el peso de la fama cuando fue interpelado en un vuelo por pasajeros (e incluso azafatas) que le recordaban por la secuencia.
Pese a que el vídeo fue creado con un objetivo netamente promocional, internet es muy grande y fueron muchos los que dieron credibilidad a la secuencia, y también los que no tardaron en dar con detalles delatadores, como que el ordenador está apagado y el cable del teclado sin conectar en los 27 segundos de desenfreno. El impacto de Bad day fue tan grande, que no tardaron en aparecer secuelas y versiones más o menos casposas de un vídeo que continuará circulando por las redes.
«Ay, si te vieran tus padres haciendo eso». Todos hemos pasado por alguna situación así. El hecho de sentirnos observados modifica nuestro comportamiento, y siempre en mayor medida cuanto mayor sea la autoridad de la figura que está detrás, vigilando. Las redes sociales están siendo un gran terreno de aprendizaje en ese aspecto. Debemos cuidar lo que decimos. Cómo lo decimos. A quién se lo decimos. Las posibles consecuencias de nuestros actos cambian nuestras actitudes, o al menos su apariencia ante otros observadores. En el mundo digital nunca fuimos quienes realmente somos, sino que somos lo que aparentamos ser.
Que el gobierno chino esté preparando un sistema disciplinario con el que recoger información masiva sobre sus ciudadanos para evaluar su lealtad al régimen comunista ha devuelto el debate sobre la vigilancia digital al centro de las conversaciones sobre tecnología y sociedad. Un algoritmo recogerá datos de las redes sociales de los ciudadanos chinos, información bancaria o de consumo en las redes y premiará a los “buenos ciudadanos” con mayores facilidades a la hora de conseguir una hipoteca, un trabajo o un colegio de mayor categoría para sus hijos.
Los defensores de esta medida valoran su potencial beneficio en aspectos como la credibilidad judicial o la sinceridad social y comercial. Sus detractores avisan de los peligros de crear modelos reduccionistas sobre lo que se considera ser un buen ciudadano y sobre todo de la pérdida total de privacidad. Sin embargo, algunas voces avisan de que este escenario no es algo novedoso. De hecho, advierten que son muchos los mecanismos de este tipo que están en funcionamiento desde hace tiempo.
Así lo afirma Ramón Sangüesa, doctor en informática e investigador en inteligencia artificial y aprendizaje automático. El coordinador del Data Transparency Lab cree esencial el desarrollo de un conocimiento y conciencia del público respecto al potencial de estas tecnologías, ya que “la tentación de gestión tecnocrática siempre ha existido o se ha implementado en cierto nivel, estamos en una fase de deriva autoritaria en todo el mundo, y una buena campaña de marketing institucional nos acaba convenciendo de cualquier barbaridad. Véase desde Edward Bernays [considerado como inventor de la propaganda y las relaciones públicas] hasta el uso de los bots políticos y las fake newsen campañas como la de Trump o Clinton”.
Un algoritmo recogerá datos de las redes sociales de los ciudadanos chinos, información bancaria o de consumo en las redes y premiará a los “buenos ciudadanos”
De no contar con esa visión crítica, podremos ser manipulados sin apenas ser conscientes de ello. Dice Sangüesa que “directamente estas plataformas manipulan tus sentimientos y emociones” haciendo referencia a un estudio secreto llevado a cabo por Facebook. Esta red social llevó a cabo un experimento de ingeniería social mediante el que modificó el estado de ánimo de cerca de 689.000 usuarios de la red social a partir de las publicaciones de sus amigos. El fenómeno de contagio emocional masivo permitió un mayor conocimiento de la forma en que nos relacionamos, pero también de la relativa facilidad con que se nos puede manipular a nivel psicológico.
Sin embargo, las emociones transmitidas a través de la red social no dejaban de ser eso, emociones, al menos en apariencia. Nadie podía confirmar que esas expresiones de alegría o tristeza fueran el sentimiento real de esas personas. “Somos, de entrada, animales sociales, pero desde el siglo pasado basculamos de manera más asumida entre lo que sentimos que hay que proteger (nuestra intimidad) y la presentación de la persona en la sociedad (nuestro derecho a tener privacidad) […] Esto de comportarnos distinto ante los demás nos viene de lejos”, afirma la doctora Raquel Herrera, profesora e investigadora en comunicación digital cultural.
Herrera considera que en casos como el de China “el esfuerzo por aparentar y el de «escapar de las apariencias» (ambos maximalismos) irán de la mano”, y que surgirán dinámicas centradas en aprender cómo se puede hacer trampas para saltarse algunas de las imposiciones del sistema. Un sistema que, dada su envergadura, funcionará mediante algoritmos de aprendizaje automático que, tras una fase de entrenamiento, funcionarán por su cuenta. Ese grado de autonomía plantea un nuevo interrogante: ¿funcionarán estas tecnologías sin control humano?
“Inevitablemente deben revisarse tras un tiempo”, dice Ramón Sangüesa. “La cuestión es bajo qué parámetros y valores se orienta esa revisión en este tipo de aplicaciones de ranking de ciudadanos. […] Hay mucho que hacer por incorporar nuevos marcos evaluativos en los decisores y los tecnólogos que trabajan a sus órdenes. Por el momento buena parte de lo tecnológico, de Silicon Valley, opera más allá de estas consideraciones. Es una cultura de la eficiencia desconectada de otros valores, en general”, añade. Otros expertos llevan tiempo destacando esa falta de responsabilidad social de grandes empresas tecnológicas como Uber, cuyo modelo de negocio ha causado distintos escándalos en los últimos años.
Es un enfoque cultural carente de unos valores que, de no incorporarse, podría llevar a escenarios poco o nada controlables, como máquinas que lleven a cabo esa labor de vigilancia de forma autónoma. Hace falta una prescripción adecuada que informe hasta dónde deben aprender estos sistemas y de qué fuentes deben aprender. Y para lograrlo, como insiste Sangüesa, hace falta mucha comunicación y conocimiento, además de otras iniciativas que incentiven otros escenarios más positivos como mydata.org, un movimiento que ofrece guías para tener un mayor control sobre toda la información que generamos en nuestra actividad cotidiana. O las actividades educativas para el gran público que organiza el propio Sangüesa desde el colectivo equipocafeina.net. De no ser así, tal vez volvamos a recordar –una vez más- estas palabras que Margaret Atwood plasmó en El cuento de la criada: “La humanidad es muy adaptable, decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación”.